Después

¿Y si nos encontramos en un después?
Ajeno a la historia que rueda en
sueños e ilusiones.
Si se asocia el destino juntando los corazones.
Sin más motivos para alejarse,
esconderse o cerrarse.
Que sea tanta la coincidencia
que no se pueda negar lo evidente
ni disminuir lo que se aumente.
Que no se entregue con tanto gusto ni con tanta emoción a otros
como la entrega a nosotros.
Deteniéndome el tiempo mientras recuerdo que no vives a mi lado.
Que si nos encontramos en un después,
tan lleno de lo que podría ser.
Pero ahora de mi se intriga el alba
y tan vacío de ti esta vez.
Bedya

Turista

Esta aventura, hay que vivirla como turistas.
Sorprendidos conociendo,
probando y experimentando.
Perdiéndonos y encontrándonos,
andando y descansado,
amando y dejando.
Como si cada día fuera una ciudad nueva,
con la misma gente siempre distinta.
Con tu ligera maleta de pertenencias necesarias,
y algunas de más.
Adquiriendo algún gusto por tienda extraña.
Fotografiando los recuerdos y lecciones en tu memoria.
Con tu esencia como documento vital,
y tus actitudes en vuelo de metamorfosis.
Donde sabes que estás, pero no será para siempre.
Como si estuvieras en un viaje largo,
con su fecha indeterminada de regreso a casa.
Así, como lo haría un turista.
Bedya

No entiendo bien de etiquetas

No entiendo bien de etiquetas, pero me aventuro a decirle
que usted se lleva toda la atención, toda la brisa y todas las caricias
que un despertar lleno de rosas puede causar.
Me podría explicar de nuevo, ¿cómo es que se dice,
a uno de tantos que, llevaría a la locura extrema
de coincidir en este espacio y permanecer en otro?
No entiendo bien de etiquetas, como aquella que porta la oruga
que pretende no errar de color de alas para encajar acompañada.
Me podría decir, si es quien dice ser y hace lo que dice hacer,
mientras la luna le sonríe a usted y usted le sonríe al viento.
No entiendo bien de etiquetas, pero a usted le vendría bien
cuando se permita los elogios en un abrir y cerrar de caminos,
de frutos y de tiempos.
Bedya

Detrás de ti.

Tanto había apagado
el sol en tus ojos
detrás de ti.
Encuentro un segundo
revivo lo que el humo
había escondido.
Y me pierdo sin rumbo
en el roce de tus manos
cayendo sin aliento
a la merced de tus labios.
Vivaz aroma me impregna
y aturde el recuerdo
que había apagado
el sol en tus ojos
detrás de ti.
Bedya

Amanecer

En la inmensidad de mis ansias,
con solo una esperanza,
más aún solloza mi alma,
en las profundas anheladas.
Tan delicada la aurora
que un suspiro me regala.
He tenido mis momentos de júbilo,
donde sin ti, me acompaña tu presencia,
y sin mí, en el fondo de mi ausencia.
Llego al mismo diferente lugar,
me niego a estar en cualquier otro,
donde te espero y siempre regresas.
Me levanto al amanecer,
su rocío me impregna las ganas
con la certeza que  habrá valido
cada lágrima derramada.

Bedya

Irónica búsqueda

No es que Dios no este allá en algún lado. Es que está en la luna, en las hojas, en mis manos, en tus ojos. Es difícil decir con certeza, si somos lo que sentimos, o estamos en lo que vemos.  Que me resulta irrelevante la verdad absoluta de los misterios, que ahora, atrapa la atención de todos.
Que si somos almas.

Que si somos un nombre.

Que si somos una profesión.

Que si somos de alguna religión.

Que si somos luz.

Es buscar la respuesta de una complicada ecuación, aunado al factor de ser una pregunta mal formulada. Porque no vinimos a comprender, creo yo, lo que esta fuera de nuestro alcance, si no a percibir nuestra esencia natural, esa que está escondida tras costumbres y pensares, tras heridas y recuerdos, que quizás, sería suficiente para liberarnos de la opresión de las creencias y llenarnos de plenitud. Pero es irónico pensar, que lo que tanto hemos lastimado, guardando lo ajeno y propio contaminado, sea el templo que resguarda, “eso”, que nos da la vida.

Y aún así seguir queriendo descifrar aquello que no podemos, ni siquiera, imaginar. ¿Pero cómo podríamos valorar un amor tan puro y eterno?

¿Cómo podríamos comprender la naturalidad de las casualidades de aquello que llena de dicha los amaneces y de romance los ocasos?

Sería preciso aceptar que no se sabe nada, y que nada es de saberse.

Quizás lograr percibir la majestuosidad de los diminutos detalles de una flor, el cambio del viento, de la sonrisa del otro. Abrirnos a la esencia ajena, donde habitas tú y también yo. Deslumbrando nuestros ojos, tan humanos y limitados, a los desbordantes rayos de sol y a los destellos de la luna. A las respuestas perdidas y a la calma del alma…

Bedya
(Parte 1. No somos lo que fuimos)

Explotó mi mundo

Explotó mi mundo
se unieron horizontes
se amigaron gigantes
mientras ellas
parpadeaban incesantes.
Explotó mi mundo
el cuerpo dolido
el corazón destrozado
los ojos bañados.
Explotó mi mundo
un arco iris rosado
una idea del pasado.
Explotó mi mundo
y entre los residuos
me encontré yo.

Bedya